El olor a crema humectante se mezcla con el de mi vómito. Una señora muy arreglada tira a la basura cajas de los perfumes que compró en el freeshop. La veo dada vuelta, con mis manos en el inodoro. Cuando logro levantarme me mira como si fuese el antricristo mientras se llena de cremas la cara. Me siento un pedazo de mermelada rancia. Nunca me había tomado un barco, pero como gané el pasaje a buenos aires me pareció una buena idea para dejar La Paloma atrás y de paso conocer al chico del tinder. El barco está detonado. El ruido de las bolsas de plástico que parecían sacadas de un quirófano que me hicieron poner en los championes marca mis pasos. El papa Francisco me sonríe desde un cuadro. Con unas tic tacs de pochoclo en la boca, me dejo caer en mi asiento y entrecierro los ojos. No mucho más de dos horas después, mi compañera de asiento me despierta avisándome que ya estábamos llegando.
Puerto madero. Un chico medio raro me da indicaciones de como llegar hasta once. Tiene puestos unos calzoncillos largos por debajo de un short y, la cereza del postre, una remera que le queda demasiado corta y está un poco sucia, con un pancho estampado. Es un poco afeminado y me da un poco de miedo. Un monstruo gay. Eso en La Paloma no existe. Le debo haber caído bien porque me deja su número por las dudas. La travesía hasta once parece imposible.
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Las luces azules llenan el colectivo. Siento el peso de las miradas sobre mí hasta que encuentro un asiento vacío, al lado de una señora que lleva un gato adentro de un caníl. Con los auriculares puestos, Thalia me acompaña en mi viaje. No me enseñaste a vivir sin tí. Mi maestra de la primaria cantaba esa canción dando vueltas por el aula. Al final los padres juntaron firmas para que la echaran. Yo miraba el mar por la ventana. Siempre pensé que en el horizonte se terminaba el mundo. Thalia me canta desconsolada en la oreja y yo siento que es una incomprendida como yo. Algo adentro mío se mueve y trata de salir en forma de lágrima, pero logro retenerlo. Me bajo en una esquina llena de malandros y me aventuro en el reino de Once.
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PISCIS sabe que después de tocar fondo sólo hay un camino y es, salir a la superficie.
PISCIS: cuando te estresas buscas espacios secretos, misteriosos, rincones escondidos que nadie conoce y que te sirven de refugio.Los PISCIS son soñadores. Muchas veces no les gusta ni la realidad ni el mundo en el que viven.
Puerto madero. Un chico medio raro me da indicaciones de como llegar hasta once. Tiene puestos unos calzoncillos largos por debajo de un short y, la cereza del postre, una remera que le queda demasiado corta y está un poco sucia, con un pancho estampado. Es un poco afeminado y me da un poco de miedo. Un monstruo gay. Eso en La Paloma no existe. Le debo haber caído bien porque me deja su número por las dudas. La travesía hasta once parece imposible.
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Las luces azules llenan el colectivo. Siento el peso de las miradas sobre mí hasta que encuentro un asiento vacío, al lado de una señora que lleva un gato adentro de un caníl. Con los auriculares puestos, Thalia me acompaña en mi viaje. No me enseñaste a vivir sin tí. Mi maestra de la primaria cantaba esa canción dando vueltas por el aula. Al final los padres juntaron firmas para que la echaran. Yo miraba el mar por la ventana. Siempre pensé que en el horizonte se terminaba el mundo. Thalia me canta desconsolada en la oreja y yo siento que es una incomprendida como yo. Algo adentro mío se mueve y trata de salir en forma de lágrima, pero logro retenerlo. Me bajo en una esquina llena de malandros y me aventuro en el reino de Once.
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PISCIS sabe que después de tocar fondo sólo hay un camino y es, salir a la superficie.
PISCIS: cuando te estresas buscas espacios secretos, misteriosos, rincones escondidos que nadie conoce y que te sirven de refugio.Los PISCIS son soñadores. Muchas veces no les gusta ni la realidad ni el mundo en el que viven.
Una notificación de tinder. El chico quiere conocerme en una fiesta que se llama Rodilla pero con la A al revés. Hasta ahora solo fui al Fantástico Bailable. Los acontecimientos se precipitan. Acá el tiempo pasa más rápido, en Uruguay se sentía como una masa espesa. Todavía no desarmé la valija pero ya metí una mano en el fondo y saqué algunas remeras. Las desparramo en el piso y me convence una azul fosforescente. Me tomo mis pastillas homeopáticas y arranco para el baile. Lo similar cura lo similar.
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Me carmoce la ansiedad. Pasan los minutos. Nunca logré dejar de comerme las uñas. Espero con el trago que me pareció más lindo estéticamente, servido en mis manos. Me lo dan en un frasco parecido al de un análisis de orina. En Uruguay los tragos se sirven en vasos de vidrio. Las poca gente que hay baila tan moderno que me asusta. La pista está llena de chicas que parecen chihuahuas. El lugar no es muy grande pero comparado con el piso de tierra del boliche al que iba en Uruguay, parece una nave espacial.
“No sabía que venías acá!” Mi monólogo interno es interrumpido por el monstruo gay que conocí en el puerto. Se acerca hacia mí entre las luces que titilan, y moviendo muy rápido su boca enorme me cuenta que es el RPP de la fiesta y otras cosas que no entiendo hasta que sale corriendo para saludar al Dj. Mi mente divaga entre mis recuerdos del Fantástico Bailable y me visualizo bailando entre un montón de gente sin cara porque en realidad sé que no extraño a nadie y no volveré nunca más.
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Camisa cuadrillé metida adentro del pantalón, cinturón de cuero, medias de polyester y zapatos marrones. Esta imagen cae sobre mí como un baldazo de agua fría y me devuelve a la realidad. También es vizco. Trato de mantener una conversación con esta persona que me habla de sus estudios en administración de empresas. Una vez más siento el espesor del tiempo. No me vine hasta Buenos Aires para tener que seguir soportando momentos desagradables. “Voy al baño y vuelvo” Entro rebalsante de desesperación al baño donde me encuentro nuevamente al monstruo gay y le pido que me ayude a salvarme de este desconocido que me aterroriza. El piso está inundado. Esquivando un vómito le doy la mano a mi nuevo aliado. Me concentro y de a poco atravesamos la pared de ladrillo como si fuéramos de aire. El vértigo me recorre todo el cuerpo. Me sacudo el polvo y el revoque que quedó entre mi pelo. Siempre me pasa lo mismo. La realidad nunca me convenció del todo.
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Agus Medina te ha enviado un mensaje
que onda buenos aires? yo te escribo desde rocha porque vine a ver a los abuelos. ya sabes que nunca me gustó venir aquí porque me da dolor de cabeza y solo camina gente fea por la calle.
pedro se arrepiente de no haberte ido a despedir al buquebus pero ya sabes que le cuesta.no es malo, es tarado. a delfi la llamaron para un campeonato de surf en portugal. el resto sigue igual que siempre. esta por cerrar el ciber, espero tus chismes, te mando un beso.
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-¿Donde estamos?
-Ni idea. Parece un estacionamiento enorme. Vení, subamos al ascensor.
Según el ascensor, hay cuatro pisos para abajo y diez para arriba. No sé qué fuerza superior elige los lugares de mis teletransportaciones, pero por ahora dejan bastante que desear.
-No anda. Una vez leí sobre un juego para entrar a otra dimensión en un ascensor. Sólo se podía jugar en un lugar de más de diez pisos, como este. Tenías que hacer algunas combinaciones de números de pisos. Se supone que en uno de ellos un espíritu se subía y te llevaba a otra dimensión.
Nos miramos las caras en la oscuridad. Algo me toca el hombro y al darme vuelta reprimo un grito ahogado. Una señora muy parecida a la del baño del buquebús, con la cara llena de cremas humectantes y los ojos vacíos parada frente a mí. Detrás de ella se acerca una horda de señoras encremadas, todas idénticas a la del buquebús. La más cercana extiende su brazo para alcanzarme y mi primer impulso es salir corriendo. Monstruo gay corre detrás de mí, es la primera vez que él me sigue. Me mueve un impulso extraño. Corremos empujando señoras a través de una biblioteca de autos interminable hasta que encuentro una pequeña escalera. Subimos en silencio y pienso en la escalera caracol del faro de La Paloma.
El encuentro entre dos personalidades es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman.
El encuentro entre dos personalidades es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman.
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