jueves, 22 de diciembre de 2016

19 de diciembre.
Mariana me invitó a irnos de vacaciones en su casa rodante. Ella, su gato, sanguchitos de miga, porrito, y yo. Ni en pedo. Me parece una hippie asquerosa a veces. Mirá si me voy a ir a una casa rodante con un piba que conozco hace dos meses. Le dije que lo iba a pensar, que vengo medio complicada, que tengo que organizar mis planes para el verano porque estoy a full.ñ En realidad mi otro plan para las vacaciones era armar la pelopincho en casa. Tampoco quiero pasar las fiestas con mi familia porque siempre se terminan descorchando todos los dramas efervescentes. Pobre, ella no sabe que no tengo amigos. A mí todo esto me parece un delirio. Siempre digo que tengo paciencia para los chicles, tampoco para los gatos y menos para la convicencia, pero tampoco es como si tuviera algo mejor que hacer.
En mi mente desfila un carnaval de monstruos y casas rodantes.
24 de Diciembre
Pusimos las reposeras a un costado de la ruta para mirar las estrellas. Ella toca la guitarra y al final yo también soy un poco hippie. El gato ya lo perdimos y volvimos a encontrarlo como tres veces. En una de esas me dijo "vos tenés un lugar especial en el corazón de mucha gente loca" Yo me quedé helada. No porque el gato me hablase, porque total a mí en eya nada me sorprende en esta vida, sino porque creo que tuvo razón.
6:00 am.
Un efecto dominó provocado por el ruido de las llaves, seguido por platos y muebles golpeándose en la cocina que desemboca en el despertar de la bebé y por consecuencia, su llanto. Este boludo me hace siempre lo mismo. Dejo a la bebé en pausa, como cuando apoyo el cigarrillo en el cenicero para terminarlo después. Le bajo el volúmen a su llanto en mi cabeza. El olor a alcohol barato empieza a llenar el monoambiente.
-Juli necesito plata para el…
Un vómito queda estampado en el piso de la cocina antes de que pueda terminar la frase.
Tropezándome con un par de juguetes en la oscuridad busco mi billetera y saco los últimos pesos que quedan. Hace un mes que Nico no me pasa plata. Los hombres se pueden clasificar en tres tipos: forros, pelotudos, o forros pelotudos. Mi hermano podría encasillarse en el segundo, y mi ex en el último. El taxista pelado me mira compadeciéndome por tener que ocuparme de este desastre.
Cuando vuelvo de pagar el taxi, mi hermano sigue tirado en el piso de la cocina.
Antes de tener a la nena, yo también llegaba de bailar a las seis de la mañana. Me gustaría volver a esas madrugadas en las que viajaba sentada en el piso del colectivo, a la altura de las piernas de las chicas que también venían del boliche, y a la luz del día descubría que tenían celulitis como yo.
Todos me recuerdan esa vez que, estando a nueve meses del embarazo, puse en mi muro de facebook: “esta hija de puta no nace más, quiero salir a bailar!!”. La abuela me llamó horrorizada y lo tuve que borrar.
Voy a buscar una manta para tapar a mi hermano que sigue inmóvil. Abro la ventana. La melancolía me hizo lagrimear un poco. Cuando llorás, la luz entra en los ojos de formas diferentes. Se está haciendo de día. Es una linda mañana. Como dice la canción que él escucha: Sacar belleza de este caos es virtud.