Con las iniciales de Ale Pradón adentro de un corazón tatuadas en su brazo izquierdo y un osito de peluche que planea tirarle al escenario en la mochila, Apocalipsis Jejé entra entusiasmada al boliche que lleva el nombre de Two Angels. Hoy, esos dos ángeles son ella y Ale Pradón. Camina decidida haciendo resonar sus tacos en el piso mugriento, llenando el aire de perfume barato.
Apocalipsis es prostituta y masajista. Está acostumbrada a salir sola a bailar. El último evento que tuvo esta trascendencia en su vida fue el Certamen internacional Miss Primavera del año pasado, en el que fue jurada. Hoy Apocalipsis no puede distinguir entre taquicardia y emoción. Hoy los astros se alinean y el universo está a su favor.
El escenario se llena de humo y en un mar de gente pegajosa la ve a lo lejos. Corre empujando grupos de amigas hasta llegar adelante.
-Disculpame, nena, ¿No me sacás una foto? Así, que se vea Ale Pradón de fondo.
La chica, que no parecía tener más de diecisiete años, la mira un poco asustada, pero se la saca. Apocalipsis sonríe plena. Pradón anima a la multitud y cuando la encuentra bailando con los lasers penetrándola, la mira a los ojos. Apocalipsis. Sienten algo que se debe parecer bastante al amor.
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