cuando todavía estaba de novia con nadia, solía esperar en el colegio a que ella saliera de clases los viernes. primero me sentaba con algún libro en un sector del patio que está lleno de plantas. por más escondido que esté, nunca pude escribir nada ahí. siempre me terminaba sentando al lado de la puerta de la cantina, el sol me quemaba los ojos y la pared en la que me apoyaba estaba rota, pero había algo de eso que me gustaba. pretendía leer algún libro pero siempre terminaba escuchando conversaciones ajenas o recreando las vidas de las personas que veía por ahí, los grupos de amigas, los vendedores de la cantina que pasaban llevando bandejas. pero hubo algo que siempre me llamó la atención particularmente, una chica de unos once o doce años y su hermana menor (a esa conclusión llegué), que cada viernes al mediodía bailan coreografías entre las plantas. se filman entre ellas y se ríen mucho. me parece que son hijas de alguien del colegio porque almuerzan y se lavan los dientes ahí. a la una las llamaban para que bajen a clases, y yo volvía a mi lectura. uno de esos días perdí el celular. cuando nadia llegaba yo estaba muy lejos de la realidad, pero sumergidísima en ella a la vez.
sábado, 14 de junio de 2014
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