No sé qué me llevo a escribir esto a las tres de la mañana, en la casa de mi mejor amiga. Creo que a veces hace falta darle una visita al pasado. Vomitarlo.
Principios de 2013. Uruguay. Flequillo rojo. Hablaba con vos por teléfono en la cama. Días de pánico. Tomaba un té y veía series, vos patinabas, muriéndote un poquito de frío, mientras me escuchabas relatándote los capítulos. Hace poco tiempo había estado en Buenos Aires con vos. Esos días sentí haber vivido muchas cosas nuevas y recuerdo la euforia más que nada. Mi casa llena de gente al mismísimo estilo 2012. Al otro día te fuiste, y no logré salir de la cama en toda la tarde. Aron se quejaba desde el piso de abajo, extrañaba a la "Anto de antes". Yo no pude hacer mucho más que llorar (y enojarme con Aron). Te esperé como si fueras a volver.
Volví de Uruguay creyendo que terminarían las tardes melancólicas de lágrimas y Joy Division. Las noches de extrañarte, de ruidos de ramas golpeando la ventana, del sobresalto que cualquier ruido me provocaba. Flequillo naranja. Nos besamos abajo de la lluvia y llenamos el ascensor de stickers. Todavía no entiendo como podía soportar ese ambiente nefasto que te rodeaba. Tu familia, tu colegio, tus amigas. Pero aún así teníamos el bosque donde caminábamos a la noche, y las mañanas en que nos subíamos a tu bicicleta dando vueltas y cantando canciones que no le importan a nadie. Ese fin de semana fue el último y ni siquiera me percaté de lo que me esperaba.
19 de Marzo de 2013. Flequillo amarillo, desteñido. Lloro, me golpeo la cabeza contra las paredes del closet (oh, la ironía), te busco en cada rincón y no te encuentro. Llorás, me anunciás tu supuesto suicidio. A partir de ese día los recuerdos de los días felices se fundieron en mi memoria y quedaron cada vez más lejos. Qué horrible es necesitar, ojalá nunca me pase de nuevo. Dejaste de llorar conmigo. También dejaste de sonreír conmigo. El mundo se terminaba todos los días y vos no te dabas cuenta. La comida empezó a tener sabor a vómito y tus últimos besos a infelicidad. Pasaron muchas y pocas cosas a su vez. Una vez me dijiste que me necesitabas más que a esas pastillas. Llegada esta época yo necesitaba pastillas y a vos también. Qué horrible necesitar. No dejé de encerrarme en el baño a llorar. La única vez que fuiste a buscarme te diste cuenta de lo lejos que había quedado todo.
El flequillo verde me tapaba los ojos. Tuviste que irte para que yo pudiera volver a mí misma. Me echaste de tu mundo, volví al mío. Guardé todas tus cosas adentro de una caja. Pero esto no es Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, y aunque lo fuera, yo hubiera sido una pésima Clementine. Flequillo rosa. Pensé que nunca iba a dejar de encerrarme en el baño a llorar y acá estoy. Y sí, tal vez necesite encerrarme a llorar en el baño, a veces. ¿Pero no es eso lo que hacemos todxs? Degradé de amarillo y rosa. Me parece que me voy a dormir. Mañana le pido a Jota que me pinte las uñas.
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