lunes, 27 de enero de 2014
Casualidades.
Me acuerdo de mirarte mientras nos hamacábamos como nenas de cinco años y sentir que estabas volando. Me acordé de mi miedo a los juegos de plaza. Era lindo pasar horas en silencio ahí con vos, y con todo el ruido que hacía mi cabeza. A veces nos poníamos a hablar de repente, de alguien que conocimos hace tres años, de qué nos daba y nos sigue dando miedo, de ese día hace ya un año en el que me choqué con vos, sin saber que iba a terminar escribiendo este tipo de estupideces por tu culpa. Por ahí vos te chocaste conmigo. O las dos nos chocamos al mismo tiempo. Tal vez era necesario que nos chocáramos. Tal vez eran necesarios esos días que pasamos paradas bajo la lluvia en la parada del colectivo, sin decir una palabra, esperando a que pasara algo más mágico aún que la llegada del colectivo, como una de nosotras atreviéndose a pronunciar una palabra. Tal vez era necesario que me encontrara a mi misma en tu relato mientras fingía ser otra persona. Tal vez todo eso fue casualidad, pero creo que mi vida no sería nada sin las casualidades incoherentes. También me acuerdo de cuando empecé a poder hablar con vos, cuando me dí cuenta de que ya no tenía que empujar las palabras para que salieran, era como si estuviera vomitando todos mis recuerdos de la infancia, las cosas estúpidas que hice el año en que nos vimos por primera vez, mis canciones favoritas. Sé que estaba contenta porque adentro mío sonaba There Is A Light That Never Goes Out.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
AMO este texto. LO AMO.
Publicar un comentario